El mercado inmobiliario español cerró el primer semestre con 10.166 millones de euros invertidos, un 36,1% más que en el mismo periodo anterior. Oficinas y hoteles lideran un repunte que confirma el atractivo de España para el capital institucional, aunque esa fortaleza inversora convive con una vivienda cada vez menos accesible.
La lectura importante no está únicamente en el volumen, sino en su composición. Hoteles y oficinas recuperan protagonismo y las grandes operaciones vuelven a marcar el semestre. Si el crecimiento continúa, España reforzará su posición como destino europeo de inversión; el riesgo es que el capital se concentre en activos consolidados y deje fuera proyectos con mayor impacto social.
Para interpretar el dato hay que separar volumen de inversión, creación de nueva oferta y revalorización de activos existentes. El coste del capital, la regulación y la calidad operativa determinan qué proyectos llegan a ejecutarse y cuáles quedan detenidos.

