China combina una tasa de propietarios cercana al 90% con una prolongada corrección de precios. El peso de la vivienda en el patrimonio familiar convierte la caída en un desafío económico y social. Pekín intenta estabilizar el sector sin reactivar los excesos especulativos del ciclo anterior.

El ajuste chino afecta consumo, financiación local y confianza porque la vivienda concentra buena parte del ahorro familiar. Una caída ordenada puede mejorar accesibilidad a largo plazo, pero también reduce la riqueza percibida. El equilibrio consiste en corregir excesos sin provocar ventas forzadas ni paralizar la construcción viable.