La propiedad de vivienda explica una parte creciente de la desigualdad patrimonial española. Quien posee uno o varios inmuebles acumula renta y revalorización; quien alquila dedica más ingresos sin construir patrimonio. La brecha resulta especialmente intensa entre generaciones.
La vivienda genera desigualdad por tres canales: renta imputada, revalorización y transmisión hereditaria. El inquilino no solo paga cada mes, también queda fuera de la acumulación del activo. Ampliar oferta accesible y ahorro a largo plazo puede reducir esa brecha sin enfrentar generaciones.
La cuestión de fondo es la relación entre oferta disponible, formación de hogares e ingresos. El Banco de España viene señalando un desequilibrio elevado entre oferta y demanda, mientras Eurostat confirma que precios y alquileres siguieron creciendo en la Unión Europea durante el primer trimestre de 2026.

