El proyecto urbanístico más grande de Europa lleva veinte años en conversación. En 2026, Madrid Nuevo Norte empieza por fin a mover grúas.

El plan abarca 3,3 millones de metros cuadrados, 10.500 viviendas, un nuevo distrito financiero sobre la prolongación de la Castellana y una nueva conexión de metro prevista para 2029. La inversión pública y privada se estima en unos 25.000 millones de euros.

Esta semana han salido a la venta las primeras viviendas desde 373.000 euros, con una entrega comercial prevista para 2027. Sin embargo, pertenecen al entorno de Las Tablas Oeste, el único de los cuatro ámbitos que cuenta con aprobación definitiva de urbanización.

Malmea-San Roque-Tres Olivos, el Centro de Negocios y Chamartín continúan en diferentes fases administrativas. Por eso, el avance de 2026 es relevante, pero debe interpretarse con precisión: arrancan las obras de urbanización, no se entrega todavía el conjunto residencial anunciado.

Las primeras viviendas pueden estar disponibles en 2027, pero las estimaciones más conservadoras sitúan las primeras entregas reales de llaves a escala relevante a partir de 2029.

La buena noticia es que aparece nuevo suelo, nueva obra proyectada y una oferta que, aunque tardará años, ya genera expectativas de precio en el norte de Madrid. Las Tablas, Fuencarral y Tres Olivos perciben un aumento de demanda por anticipación.

La realidad menos cómoda es que Madrid lleva una década con escasez de obra nueva mientras la demanda continúa creciendo. Madrid Nuevo Norte no resuelve el problema de corto plazo; comienza a responder al de la próxima década.

Un megaproyecto desarrollado durante veinticinco años es una noticia estratégica, no un alivio inmediato. No debe presentarse como el final de la crisis de acceso a la vivienda para quien necesita comprar o alquilar ahora. Todavía no.