Las subastas inmobiliarias ofrecen descuentos potenciales, pero exigen estudiar cargas, ocupación, estado del activo y liquidez disponible. La puja es electrónica y el depósito previo puede perderse si el adjudicatario no paga. El precio de salida nunca debe sustituir una revisión jurídica y técnica completa.
Antes de fijar una puja máxima hay que sumar impuestos, reforma, deudas que sobrevivan a la adjudicación y tiempo hasta disponer del inmueble. El descuento aparente puede desaparecer con una sola incidencia. El inversor disciplinado trabaja hacia atrás desde el valor realista de salida y conserva un margen para imprevistos.
Para interpretar el dato hay que separar volumen de inversión, creación de nueva oferta y revalorización de activos existentes. El coste del capital, la regulación y la calidad operativa determinan qué proyectos llegan a ejecutarse y cuáles quedan detenidos.

