Dos líneas. Una historia. La más importante del mercado inmobiliario español desde 1970.
La línea roja es el precio de la vivienda. La línea azul es el salario medio neto. Ambas parten del mismo punto en 1970, con un índice 100.
Hoy la vivienda está en 650. El salario, en 180. El gráfico resume una divergencia que condiciona el acceso residencial de varias generaciones.
En 50 años, los precios de la vivienda se han multiplicado por 6,5. Los salarios, por menos de dos. La brecha no es reciente ni coyuntural: lleva décadas abriéndose, con una aceleración fuerte desde los años noventa y otra desde 2015 que no se ha detenido.
El resultado es matemático: comprar una vivienda exige hoy un esfuerzo salarial muy superior al de cualquier generación anterior. No porque la gente gaste más en otras cosas ni porque los jóvenes no quieran trabajar, sino porque el precio del activo ha crecido a una velocidad que ningún salario puede seguir.
¿Qué explica la divergencia? Suelo escaso y tramitación lenta; tipos de interés históricamente bajos durante una década, que elevaron el valor de los activos; demanda estructural creciente en las grandes ciudades; inversión institucional en el mercado residencial; y una producción de vivienda nueva que lleva años por debajo de la demanda real.
Cada factor actúa de forma distinta, pero todos empujan en la misma dirección. La vivienda disponible en las zonas con empleo y servicios crece más despacio que el número de hogares que quiere vivir en ellas, mientras el valor del suelo y de los edificios acumula décadas de revalorización.
Ninguna política de alquiler, decreto de prórroga o bonificación fiscal resuelve por sí sola lo que muestra este gráfico. El problema combina oferta insuficiente y productividad salarial débil, y lleva cinco décadas sin una respuesta estructural.
Las medidas de emergencia pueden proteger temporalmente a determinados hogares, pero no acercan las dos líneas si no aumentan la oferta donde existe demanda y si los salarios no recuperan capacidad real frente al precio de los activos.
La pregunta correcta no es si hoy resulta más difícil acceder a la vivienda que hace décadas. Es evidente que sí. La pregunta correcta es qué estamos dispuestos a hacer estructuralmente para que las dos líneas vuelvan a acercarse.

