208.000 viviendas heredadas en 2025. Récord histórico. Y 55.000 herencias rechazadas ante notario. También récord. El doble que hace una década.

Las dos cifras juntas cuentan algo que los titulares sobre vivienda raramente explican.

Heredar una casa en España no siempre es un regalo. A veces es un problema. Impuesto de sucesiones, plusvalía municipal, notaría y registro, deudas del fallecido, reforma necesaria y, en muchos casos, una vivienda en un pueblo sin demanda donde no hay comprador posible.

El resultado puede ser renunciar ante notario y devolver la herencia al Estado. 55.000 familias tomaron esa decisión el año pasado, el doble que hace diez años.

¿Qué ha cambiado? Varias cosas a la vez. La generación que hereda ahora dispone, en muchos casos, de menos capacidad económica para asumir los costes de activar un inmueble.

Quienes heredan a los 40 años con hipoteca propia, hijos y salarios ajustados no siempre pueden pagar impuestos, reformar y mantener una segunda vivienda que quizá se encuentra a 300 kilómetros y apenas vale 40.000 euros en el mercado.

Al mismo tiempo, el parque de vivienda heredada crece porque la generación del baby boom empieza a fallecer. En un solo año se transmitieron 208.000 viviendas por herencia, una cifra que previsiblemente seguirá aumentando.

La paradoja es contundente: en un país con crisis de acceso residencial existen decenas de miles de casas que sus herederos no quieren o no pueden permitirse mantener.

El problema no es solo fiscal. Es estructural. El coste de activar una vivienda heredada en España, especialmente en zonas de baja demanda, puede ser tan alto que la ecuación económica no sale.

La ubicación también importa. Una vivienda vacía en una localidad sin empleo, servicios ni compradores no resuelve automáticamente la escasez que sufren Madrid, Barcelona, las islas o la costa. Para movilizarla hacen falta rehabilitación, demanda y un entorno que permita vivir o trabajar allí.

Mientras esas casas se rechazan, otras familias no pueden comprar ninguna. La solución no consiste en ignorar estos inmuebles, sino en crear mecanismos para que tengan sentido tanto para quien los hereda como para quien necesita vivienda.