Entre abril y junio de 2026, más de 2.500 chinos abandonaron España según la Estadística Continua de Población del INE, cifra que sitúa a China entre las nacionalidades con más salidas del país durante ese trimestre. Los datos definitivos del instituto elevan la cifra a 2.700 personas en esos tres meses.

Los datos no ofrecen una explicación concreta sobre las razones de estas marchas, pero el contexto económico y la transformación del modelo de negocio tradicional de la comunidad china en España podrían estar detrás.

Durante las últimas décadas, los ciudadanos chinos han tenido una presencia destacada sobre todo en el pequeño comercio, los bazares y la restauración. Ese modelo ha sufrido una transformación profunda. El comercio de bajo coste que sostuvo a muchas familias chinas durante décadas ha perdido competitividad frente al ecommerce, y la combinación de márgenes más ajustados, costes laborales crecientes y alquileres de local disparados ha hecho que muchos negocios dejen de ser rentables.

Para algunos chinos, continuar en España puede haber dejado de ser rentable debido al alto coste de la vivienda. Una parte de quienes abandonan nuestro país podría estar regresando a China, cuyo crecimiento económico y la existencia de oportunidades laborales y empresariales pueden favorecer el retorno de personas que emigraron hace años.

El movimiento de la comunidad china no es el único que revelan los datos del INE. Solo en el segundo trimestre de 2026 se marcharon de España 5.300 rumanos y 3.200 ucranianos. El patrón común es el mismo: el PIB crece un 2,7% interanual, pero los salarios reales han crecido solo un 2,7% en los últimos 30 años y el precio de la vivienda ha aumentado mucho más rápido que los propios sueldos.

España roza los 50 millones de habitantes y su economía crece en términos agregados. Pero una parte creciente de los inmigrantes que llegaron buscando oportunidades está concluyendo que esas oportunidades ya no están aquí, o que existen mejores en otros sitios. Cuando los que se van superan en número a los que llegan en ciertas nacionalidades, el modelo de crecimiento demográfico basado en inmigración empieza a mostrar sus límites.