Argentina registró en julio un superávit fiscal primario de 2,9 billones de pesos (unos 1.954 millones de dólares), un 69,2% más que en el mismo mes de 2025, según ha confirmado el propio Gobierno. El contraste es notable: este resultado llega justo después del déficit primario de 696.843 millones de pesos registrado en junio. En el acumulado de los primeros siete meses del año, Argentina suma un superávit fiscal primario de 10,2 billones de pesos, un 9% más que en igual periodo de 2025. El balance financiero también cambió de signo, pasando de un déficit de 168.515 millones de pesos en julio de 2025 a un superávit de 244.897 millones este año.

El resultado es especialmente significativo porque se ha logrado en un mes que registra estacionalmente mayores gastos, y porque compensa parcialmente el bache de junio. Sin embargo, conviene matizar la lectura: el crecimiento nominal del 69% no equivale a una mejora idéntica en términos reales, dado el contexto inflacionario. Desde Grupo SBS y LCG apuntan que los ingresos tributarios cayeron un 2,5% interanual real en julio, y que el Gobierno ha compensado esa caída con un recorte del 7% interanual real en el gasto primario, incluso manteniendo el crecimiento del 3,8% en la Asignación Universal por Hijo. El compromiso con el FMI de alcanzar un superávit del 1,4% del PBI este año (revisado a la baja desde el 2,2% original) sigue siendo un objetivo exigente: con siete meses corridos, el superávit acumulado se sitúa en el 0,9% del PBI.

Lo que sí queda claro es el cambio de fase del programa económico de Milei. Lograr el equilibrio fiscal fue la condición central para estabilizar una economía que en 2023 acumulaba inflación descontrolada, déficit crónico y dificultades de financiación. Sostenerlo mientras se recuperan la inversión, el consumo y el empleo es un reto distinto y más complejo. Los indicadores mixtos lo confirman: la inflación se ha reducido sustancialmente y la pobreza ha caído a niveles no vistos en años, pero los salarios reales siguen sin despegar y el mercado laboral presenta debilidad. Como reconoció la propia directora del FMI, Kristalina Georgieva, la situación de la economía argentina es "radicalmente diferente" a la de hace dos años, aunque el desafío de consolidar ese cambio sin sacrificar crecimiento real sigue abierto.