El formato se llama Horno 24/7. Dos unidades piloto en estaciones de servicio de Madrid —Carabanchel y Pozuelo— que hornean pizzas in situ en menos de tres minutos, a más de 80°C, con las mismas recetas que las tiendas. Disponible a cualquier hora, cualquier día.

Lo interesante no es la pizza. Es lo que representa para el retail y para el inmobiliario comercial.

La estación de servicio lleva años transformándose. Dejó de ser un sitio donde se pone gasolina para convertirse en un punto de conveniencia donde el consumidor resuelve varias necesidades en una parada. Café, comida preparada, paquetería, servicios digitales. El vending de calidad es el siguiente paso natural.

Para las marcas de restauración, la implicación es estratégica: crecer en cobertura sin abrir nuevos locales. Un restaurante tradicional requiere entre 100 y 300 m², inversión en obra, licencia de actividad, personal, y rentas que en ubicaciones prime pueden superar los 30.000 euros mensuales. Una máquina de vending en una gasolinera cuesta una fracción de eso y opera sin personal.

El sector del vending en España facturó 1.375 millones de euros en 2024, un 7,8% más que el año anterior. El parque supera los 390.000 equipos. Y las marcas empiezan a ver en ese canal no un complemento sino una alternativa real de distribución.

Para el mercado de locales comerciales, la lectura es directa: cada formato de restauración que resuelve su expansión vía vending o dark kitchen es un operador menos compitiendo por espacio físico en calle. Presión a la baja en la demanda de locales de paso en ubicaciones secundarias.

La gasolinera como punto de venta ya no es una curiosidad. Es una estrategia.