La rentabilidad bruta del alquiler alcanzó el 8,02% en julio de 2026. El precio medio de compra de una vivienda de 100 metros cuadrados se situó en 221.580 euros, con una renta media mensual de 1.482 euros, lo que arroja un ingreso bruto anual de 17.784 euros. Un retorno que supera ampliamente al bono del Estado y que ha subido más de medio punto respecto a julio de 2025. El titular suena bien. El contexto, no tanto.
Esa rentabilidad del 8% no refleja un mercado sano. Refleja un mercado roto. Las rentas han subido más rápido que los precios de compra durante los últimos cuatro años, no porque los propietarios hayan mejorado sus activos, sino porque la demanda de alquiler se ha disparado mientras la oferta se ha contraído. La tasa de esfuerzo roza el 50% en ciudades como Madrid o Barcelona, donde un piso de 70 metros cuadrados supera los 1.600 euros al mes. Los inquilinos destinan la mitad de su sueldo al alquiler. Eso no es rentabilidad, es extracción.
La ciudad más rentable es Tarragona, con un 7,98%, mientras que San Sebastián es la menos rentable, con un 3,86%. La brecha entre ciudades dice mucho: donde el precio de compra ya es muy alto en relación con las rentas posibles, la rentabilidad cae. Donde el precio de compra todavía es contenido y la demanda sube, el yield se dispara. Es el mapa de la tensión del mercado puesto en números.
Las subidas interanuales son desiguales: Alicante escala un 8,6%, Madrid un 5,8% y Palma un 5,9%, mientras que Barcelona sube solo un 2% y Bilbao un 1%. La regulación del alquiler en zonas tensionadas está teniendo efecto en algunos mercados, pero la presión migra hacia donde no hay control. El agua siempre encuentra la grieta.
El problema estructural no cambia: no hay vivienda suficiente para la demanda existente, y el ritmo de construcción nueva está muy por debajo de lo necesario. El propio Solvia reconoce que no aprecia a corto ni medio plazo elementos capaces de corregir de forma estructural la escasez de vivienda. Mientras eso no cambie, la rentabilidad seguirá subiendo para el propietario y el esfuerzo seguirá subiendo para el inquilino.
Un 8% de rentabilidad bruta en el alquiler no es un logro del mercado inmobiliario español. Es el síntoma de un problema que nadie está resolviendo.

