El martes 25 de agosto, un C-17A de la Fuerza Aérea estadounidense aterrizó en Moscú con una comitiva diplomática a bordo. John Ratcliffe, director de la CIA, estaba en ella. La visita fue confirmada por CBS News y Axios citando fuentes anónimas, y posteriormente reconocida por el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, quien precisó que Ratcliffe no se reunió con Putin, aunque el presidente fue informado "sin demora" del resultado de las conversaciones con los servicios de inteligencia rusos.

La visita duró pocas horas. Ratcliffe llegó, se reunió y se fue. Sin rueda de prensa, sin comunicado oficial de ninguno de los dos gobiernos, sin una sola declaración pública sobre el contenido de lo tratado. En el contexto de una guerra que lleva más de cuatro años activa, con negociaciones de paz estancadas y tensión simultánea por el conflicto con Irán, una visita así no es una cortesía diplomática. Es un mensaje. La pregunta es para quién y con qué contenido.

Lo que circula a partir de ahí entra en terreno no confirmado. Informes iniciales, sin verificación oficial, apuntan a que Putin habría reaccionado con una furia considerable ante lo que habría percibido como amenazas o ultimátums por parte del director de la CIA, quien le habría exigido una reducción inmediata de las tensiones en Ucrania. Según esas mismas fuentes no oficiales, Putin habría ordenado a Ratcliffe abandonar el país y habría decretado el cierre permanente de la Embajada de Estados Unidos en Moscú.

Lo que sí circula con imágenes, aunque tampoco con confirmación oficial, es que la Embajada estadounidense en Moscú apareció sin bandera en el asta. Las fotografías se están difundiendo en redes. No hay desmentido, pero tampoco confirmación. La embajada lleva semanas en un contexto de extrema tensión: en el último mes, ataques con drones y misiles han golpeado refinerías y centros logísticos rusos, y el Kremlin acusa a Reino Unido y socios europeos de participación activa.

Un jefe de inteligencia que se desplaza a casa del adversario en plena guerra no va a tomar el té. Va a transmitir algo que no puede enviarse por otro canal. Lo que se transmitió, a día de hoy, sigue sin conocerse oficialmente. Pero la foto de la embajada sin bandera, si se confirma, sería el final de un día que empezó raro y terminó peor.