Víctor Caurcedo, arquitecto español, vive en un nanopiso de Hong Kong: 67 metros cuadrados divididos en cinco unidades de entre 8 y 10 metros cuadrados cada una, sin zonas comunes, con baño y cocina integrados en el propio espacio habitable. Su habitación, la segunda más grande del piso, incluye una cama, una nevera que hace de cocina, una lavadora y un baño donde el inodoro, el lavabo y la ducha comparten el mismo espacio sin plato de ducha. Cuando se ducha, se moja todo. Paga 1.000 euros al mes por eso. Y lo llama "lo mínimo para sobrevivir".

Hong Kong tiene una densidad de población de 7.027 habitantes por kilómetro cuadrado, con entre 7,4 y 7,5 millones de personas concentradas en 1.100 kilómetros cuadrados, de los cuales una parte significativa son montañas que no se pueden urbanizar. El nanopiso no es una rareza ni una anécdota: es un modelo de negocio consolidado, una solución de mercado a un problema de oferta que el urbanismo no ha conseguido resolver.

La historia de Víctor no es solo una historia humana sobre sacrificio profesional. Es un espejo donde mirar el futuro de las ciudades con mercados inmobiliarios sin suficiente suelo ni oferta. Hong Kong lleva décadas siendo el caso extremo. Pero los mismos factores que produjeron los nanopisos allí, densidad de población, escasez de suelo, regulación urbanística rígida y demanda sostenida, están presentes hoy en Madrid, Barcelona, Lisboa o Ámsterdam. La diferencia es de grado, no de naturaleza.

En España, con un déficit de 740.000 viviendas acumulado y un ritmo de construcción que no llega a la mitad de lo necesario, el debate sobre qué es una vivienda digna y cuántos metros cuadrados mínimos debe tener se va a plantear tarde o temprano. Ya hay promotores explorando el coliving y el flex living como respuesta a la inasequibilidad. La pregunta es hasta dónde está dispuesto a llegar el mercado, y hasta dónde está dispuesta a llegar la regulación, antes de que la solución se parezca demasiado a lo que Víctor describe desde Hong Kong.

Un profesional cualificado, con trabajo, viviendo en 10 metros cuadrados porque no puede permitirse más. Eso no es el problema de Hong Kong. Es el aviso de lo que viene si no se resuelve el problema de la vivienda a tiempo.