La inversión inmobiliaria en España alcanzó 12.034 millones de euros entre enero y junio de 2026, un 59% más que en el mismo periodo del año anterior, el mejor resultado semestral de toda la serie histórica, superando los 9.700 millones de 2022. Y las proyecciones para el cierre del año apuntan a superar los 17.000 millones, lo que convertiría 2026 en el ejercicio récord de la historia del sector.
El volumen acumulado entre el segundo trimestre de 2025 y el segundo trimestre de 2026 ronda ya los 18.000 millones de euros, situándose entre los registros más elevados de la serie histórica. Detrás de estos números hay dos fuerzas que se han alineado al mismo tiempo: la estabilización de los tipos de interés, que ha devuelto el apetito comprador, y la percepción de España como uno de los mercados más estables y rentables de Europa en un entorno geopolítico incierto.
Madrid y Barcelona concentraron el 56% y el 13% del total respectivamente. El inversor nacional lideró el mercado con casi la mitad del volumen, seguido del capital canadiense con el 17% y el estadounidense con el 10%. Una cuarta parte de la inversión correspondió a inversores institucionales, seguidos de las socimis con el 20% y los gestores de activos con el 17%.
El principal motor del semestre es el living, que agrupa alquiler residencial, vivienda asequible, residencias de estudiantes y flex living, con más de 4.375 millones de euros y alrededor del 44% de toda la inversión prevista. Es decir: el capital institucional no está apostando por oficinas ni por centros comerciales. Está apostando por el lugar donde la gente vive. O donde no puede permitirse vivir.
Aquí está la paradoja que nadie quiere nombrar con claridad. España bate récords de inversión inmobiliaria mientras bate récords de inasequibilidad. El capital fluye hacia el sector residencial precisamente porque la escasez de oferta y la presión de demanda garantizan rentabilidades elevadas y predecibles. No hay contradicción: el problema de la vivienda es, para el inversor, una oportunidad. Para el ciudadano que busca dónde vivir, es exactamente lo contrario.
Cushman & Wakefield anticipa que 2027 y 2028 podrían alcanzar nuevos récords de inversión si el contexto macroeconómico mantiene su estabilidad. El dinero seguirá llegando. La oferta asequible, si nadie lo remedia, no.

