La oferta de habitaciones en piso compartido creció un 12% interanual en el segundo trimestre de 2026. Al mismo tiempo, la demanda también subió un 12%. Y el precio medio se situó en 425 euros mensuales, un 1% más que hace un año. Tres indicadores moviéndose en la misma dirección al mismo tiempo no son una casualidad. Son el síntoma de un mercado de alquiler que ha empujado a una parte creciente de la población hacia el piso compartido como única opción viable.
El dato más relevante no es el precio medio. Es lo que hay detrás: pisos que antes se alquilaban completos a una sola familia están siendo reconfigurados por los propietarios para alquilarse por habitaciones. La presión del mercado de alquiler completo, con el metro cuadrado en máximos históricos de 15,3 euros en julio, está incentivando un trasvase hacia el modelo de habitación que permite al propietario capturar más ingresos y al inquilino acceder a algo que de otra forma no podría pagar.
El mapa de precios es elocuente. Barcelona lidera con 600 euros de media por habitación. Madrid y Palma se sitúan en 550. San Sebastián en 500. Bilbao y Málaga en 450. En el extremo opuesto, Jaén y Badajoz se quedan en 250 euros. La brecha entre ciudades no hace más que reflejar la misma fragmentación que existe en el mercado de compraventa: dos Españas inmobiliarias con dinámicas y precios radicalmente distintos.
En 35 capitales de provincia creció el número de habitaciones disponibles durante el último año. Las mayores subidas de oferta se dan en Lugo, Valencia y Ourense. Pero más oferta no ha traducido en precios más bajos, porque la demanda ha crecido al mismo ritmo. La competencia entre inquilinos sube un 12% y se duplica en ciudades como Ceuta y Girona.
Lo que describen estos datos no es una solución al problema de la vivienda. Es la adaptación del mercado a un problema que no se está resolviendo. El piso compartido no es una opción de vida para la mayoría de quienes lo eligen. Es la consecuencia de no poder acceder a otra cosa.

