El FMI acaba de publicar su actualización del World Economic Outlook y el dato para España es contradictorio en apariencia: la economía crece, supera por primera vez en la historia los 2 billones de dólares de PIB, y al mismo tiempo pierde dos posiciones en el ranking mundial, cayendo del puesto 12 al 14. México y Australia la han adelantado. Y según las proyecciones del propio FMI, España no recuperará una plaza entre las doce mayores economías del mundo antes de 2031.
¿Cómo se explica? Con tres factores que actúan simultáneamente y que el titular no captura.
Primero, la moderación del crecimiento español. Tras crecer por encima del 6% en los dos años pospandemia, el PIB se ha ido desacelerando: 3,5% en 2024, 2,8% en 2025 y previsión de entre el 2% y el 2,7% para 2026, dependiendo de si se cree al Gobierno o al FMI. El dinamismo que puso a España en el mapa ha perdido fuerza.
Segundo, el tipo de cambio. Australia ha visto apreciarse su dólar un 10% frente al euro en el último año. Eso infla su PIB medido en dólares sin que la economía australiana haya crecido necesariamente más en términos reales. El ranking del FMI mide PIB nominal en dólares, y las oscilaciones de divisas pueden mover posiciones sin que cambie nada sustancial en la economía real.
Tercero, y el más relevante para entender España a largo plazo: el PIB total no es lo mismo que el PIB per cápita. España ha crecido en parte porque ha incorporado cerca de 500.000 inmigrantes al año, lo que expande el denominador. Más trabajadores producen más PIB agregado, pero si la productividad no sube al mismo ritmo, la riqueza por habitante no mejora. Y ese es el dato que no sale en el titular del ranking: España sigue muy por debajo de la media europea en PIB per cápita, que es la medida que realmente refleja el nivel de vida de sus ciudadanos.
Crecer es necesario. Pero no suficiente.

