Samsung presentó su primer Galaxy Fold en 2019. Huawei, Motorola y OnePlus llevan años en ese mercado. Apple ha observado, ha esperado y ha dejado que sus rivales cometieran los errores del primer ciclo: pantallas que se rayan, bisagras que fallan, software que no aprovecha el formato, precios que espantan a la demanda masiva. Y ahora entra. Tarde en el tiempo, pero con todo el aprendizaje ajeno incorporado.

Todo apunta a que el primer iPhone plegable, que las filtraciones señalan como iPhone Ultra, se presentará en septiembre de 2026 junto a los iPhone 18 Pro y Pro Max, siguiendo el calendario habitual de Apple. Apple no ha confirmado nada oficialmente, pero la acumulación de evidencias es demasiado concreta para ignorarla: filtraciones de la cadena de suministro en Asia, referencias en la beta de iOS 27, análisis de Ming-Chi Kuo y Mark Gurman, los dos analistas con mayor historial de aciertos sobre productos Apple, y movimientos en los proveedores de pantallas y bisagras que apuntan a producción inminente.

El dispositivo tendría formato libro, con pantalla interior OLED LTPO de 7,8 pulgadas a 120 Hz y pantalla exterior de 5,5 pulgadas. El chip sería el A20 Pro fabricado a 2 nanómetros, con 12 GB de RAM y opciones de almacenamiento de hasta 1 TB. La batería, de doble celda con capacidad total de 4.883 mAh, según referencias encontradas en iOS 27. La bisagra sería de metal líquido, el elemento que más quebraderos de cabeza ha dado a todos los fabricantes de plegables y donde Apple habría concentrado su mayor esfuerzo de ingeniería.

El precio estimado supera los 2.000 euros, con algunas proyecciones que lo sitúan entre 2.300 y 2.500 dólares. Sería el iPhone más caro de la historia. Y sin embargo, la demanda prevista es enorme: Apple habría aumentado la producción prevista hasta los 10 millones de unidades para 2026, aunque solo entre 500.000 y 1 millón estarán disponibles en el lanzamiento inicial. Los analistas ya avisan de plazos de espera de entre cuatro y seis semanas, similares a los del iPhone X en 2017.

La llegada de Apple al mercado de plegables tiene consecuencias que van mucho más allá del propio dispositivo. IDC prevé que los envíos mundiales de plegables crezcan un 30% en 2026, y Apple podría acaparar hasta el 22% del mercado total en su primer año. Eso significa que Samsung, que domina el segmento con el Galaxy Z Fold, ve amenazada su posición justo cuando había logrado una base de usuarios sólida. El efecto halo de Apple también arrastrar compras de iPad, Mac y accesorios: el ecosistema de aplicaciones optimizadas para el formato plegable tardará meses en desarrollarse, pero cuando lo haga, la ventaja de la integración hardware-software de Apple será difícil de igualar.

Los riesgos son reales. Los plegables de primera generación rara vez son perfectos. La bisagra es el punto débil histórico del formato. El precio excluye a la mayoría del mercado masivo. Y Apple Intelligence, el gran proyecto de IA de Apple, no ha cumplido del todo las expectativas generadas, lo que añade presión para que el iPhone Ultra sea impecable en hardware para compensar.

Pero si hay una empresa capaz de convertir un formato de nicho en un producto de masas, esa empresa es Apple. Lo hizo con el smartphone en 2007. Con los auriculares inalámbricos en 2016. Con los smartwatches desde 2015. El plegable es el siguiente. La pregunta no es si llegará. Es si esta primera generación estará a la altura.