Eso es exactamente lo que está pasando en el centro histórico de Sevilla. Y no es una tendencia menor.
La escasez de suelo disponible en el casco histórico está desplazando el desarrollo inmobiliario hacia la recuperación de edificios ya existentes. Según datos de Hestia Inversión Patrimonial, el 80% de los edificios adquiridos en los últimos tres años llevaba más de una década infrautilizado o sin uso acorde con su potencial.
Durante muchos años el crecimiento inmobiliario estuvo asociado al desarrollo de nuevo suelo. Hoy esa posibilidad es muy limitada en el centro histórico de Sevilla. La recuperación de edificios existentes ha dejado de ser una alternativa para convertirse en la principal vía de transformación urbana.
El Ayuntamiento también se ha puesto en marcha. El Plan Sevilla Centro Vivo proyecta 1.039 nuevas residencias en el casco antiguo, transformando solares y edificios sin uso, con bonificaciones fiscales a la rehabilitación y medidas para convertir viviendas turísticas en alquiler residencial permanente.
Lo que está ocurriendo en Sevilla no es un caso aislado. Es el modelo al que tendrán que llegar todas las ciudades españolas con centros históricos saturados: Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga. No hay suelo nuevo. El único camino es recuperar lo que ya existe.
La rehabilitación no es solo una solución urbanística. Es también una apuesta por el patrimonio, por el empleo local y por devolver a los centros urbanos algo que llevan años perdiendo: vecinos de verdad.
Las franquicias y los pisos turísticos coparon el espacio. Ahora toca recuperarlo.

