El 1 de septiembre de 2026, Telefónica escrituró la venta del edificio de Gran Vía 28 al empresario cartagenero Tomás Olivo por una cifra en torno a los 200 millones de euros. El comprador actuó a través de General de Galerías Comerciales, la sociedad que agrupa su imperio de retail inmobiliario, cuya oferta se posicionó como la mejor del proceso competitivo. La teleco había manejado inicialmente una valoración cercana a los 300 millones. El precio final, aunque superior a 200 millones según algunas fuentes, está muy por debajo de esa valoración inicial. El descuento es relevante y merece explicación.
El edificio de Gran Vía 28 no es un activo inmobiliario ordinario. Construido entre 1926 y 1929 según diseño de los arquitectos estadounidenses Lewis S. Weeks y Lewis Weeks Jr., fue durante años el edificio más alto de Europa. Durante la Guerra Civil, su posición estratégica en la Gran Vía lo convirtió en objetivo de la artillería franquista, y desde sus plantas superiores los corresponsales internacionales cubrieron el asedio de Madrid. Albergó durante décadas la sede central de Telefónica en España y, tras su renovación completada en septiembre de 2024, se convirtió en Espacio Movistar: la mayor tienda de Movistar en España, con sala de cine, plató de televisión, estudios de grabación, espacio de gaming y el Movistar Café, además de la sede de la Fundación Telefónica.
La venta forma parte de la estrategia de desinversión de activos no esenciales que Telefónica lleva ejecutando desde hace años bajo la dirección de Marc Murtra. La compañía tiene una deuda neta de 2,78 veces el EBITDA ajustado y se ha comprometido a reducirla hasta 2,5 veces antes de 2028. Para conseguirlo, además de los acuerdos laborales en España que ahorrarán 600 millones en costes recurrentes, la venta de filiales en Latinoamérica y la optimización del capex, la desinversión inmobiliaria es una palanca directa: convierte activos físicos en liquidez sin afectar al negocio operativo.
El comprador, Tomás Olivo, es uno de los inversores inmobiliarios españoles más activos en el segmento de grandes inmuebles comerciales. Dueño de centros comerciales y galerías en varias ciudades, el pasado verano adquirió también el centro comercial Turianueva para reconvertirlo en galerías comerciales. Su apetito por activos en ubicaciones prime con uso comercial es conocido, y Gran Vía 28 encaja perfectamente en esa tesis: una dirección icónica en el eje comercial más transitado de Madrid, con un edificio ya renovado y en funcionamiento.
La operación tiene dos lecturas. Para Telefónica, es un paso más en la racionalización de su balance: deja de ser propietaria de un activo que requería gestión patrimonial y obtiene liquidez para reducir deuda, manteniendo la presencia en el edificio mediante el contrato de arrendamiento que presumiblemente ha negociado para Espacio Movistar y la Fundación. Para el mercado inmobiliario de oficinas y retail prime en Madrid, es una confirmación de que los activos singulares en ubicaciones únicas siguen atrayendo capital incluso en un entorno de tipos altos: 200 millones por un edificio en Gran Vía no es el precio de la dificultad. Es el precio del descuento respecto a las expectativas iniciales del vendedor.
Lo que la operación también confirma es la tendencia de grandes corporaciones a desprenderse de sus sedes históricas en propiedad para liberar capital. BBVA, Santander, CaixaBank y ahora Telefónica han seguido ese camino en los últimos años. El modelo de sale and leaseback, vender y quedarse como inquilino, se ha consolidado como la opción preferida para liberar patrimonio inmobiliario sin perder la operativa del negocio.

