Los incendios de Guadalajara han dejado familias sin casa, negocios destruidos y actividad económica paralizada en zonas rurales que ya venían frágiles antes del fuego.

BBVA ha abierto dos líneas de financiación de emergencia: hasta 50.000 euros para particulares con plazos de entre 12 y 60 meses, y hasta 200.000 euros para autónomos, pymes y empresas con hasta 24 meses de carencia. BBVA Allianz ha habilitado además un teléfono específico para asegurados afectados.

El gesto importa. Pero merece contexto.

Lo que destruye un incendio forestal no se repara solo con financiación. El problema de fondo en las zonas rurales afectadas es estructural: despoblación, envejecimiento, escasa actividad económica y un tejido productivo que en muchos casos ya estaba bajo mínimos antes del siniestro. Un préstamo a 48 meses ayuda a quien tenía un negocio viable. No crea actividad donde no la había.

Lo que sí tiene impacto inmediato es la carencia de hasta 24 meses para empresas. En una situación de emergencia, diferir pagos es tan relevante como el importe total del préstamo. El flujo de caja en los primeros meses post-siniestro es el cuello de botella real.

El incendio de Guadalajara también pone sobre la mesa una conversación que España lleva aplazando: los seguros agrarios y forestales, la política de gestión del monte, y el modelo de asentamiento en zonas de riesgo. Cada verano pagamos el coste de no haberlas resuelto.

La banca hace lo que puede hacer la banca: dar liquidez. Lo que viene después es tarea de otros.