El Gobierno de Milei ha fijado por decreto el nuevo Salario Mínimo, Vital y Móvil de Argentina en 383.800 pesos mensuales, equivalentes a unos 219 euros al cambio actual. La subida, que entró en vigor el 1 de septiembre, no es fruto de ningún acuerdo: el Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo terminó sin consenso entre sindicatos y patronal, y el Ejecutivo impuso su cifra por resolución unilateral.
El dato que más llama la atención no es el importe en sí. Es que ese importe queda por debajo de prácticamente todos los umbrales de referencia que existen en Argentina. Por debajo del umbral de indigencia del INDEC para un hogar de tres personas, situado en 563.663 pesos. Por debajo de la línea de pobreza para un adulto solo, que en julio se situó en 506.381 pesos. Y por debajo, también, de lo que proponía la patronal argentina: los empresarios pedían incrementos de entre el 1,7% y el 1,8% mensual hasta alcanzar los 468.000 pesos en abril de 2027. El Gobierno aprobó subidas de entre el 1,7% y el 1,9%, pero desde una base inferior, lo que deja el resultado final por debajo incluso de esa propuesta empresarial.
Los sindicatos pedían 993.000 pesos para diciembre de 2026, el equivalente a 566 euros. El Gobierno ha aprobado 383.800 para septiembre con subidas mensuales escalonadas hasta abril de 2027, cuando el salario mínimo alcanzará los 437.000 pesos, unos 249 euros. Menos de la mitad de lo que reclamaban los trabajadores. Y una quinta parte del salario mínimo interprofesional español, fijado en 1.221 euros mensuales en 14 pagas para 2026.
La comparación con España debe tomarse con cautela: los precios, los impuestos, los alquileres y el coste de los servicios son radicalmente distintos en ambos países. Un euro en Buenos Aires no compra lo mismo que en Madrid. Pero la comparación nominal tiene sentido como orden de magnitud: Argentina fija el suelo salarial en 219 euros mensuales mientras que España lo tiene en 1.221. La diferencia es de cinco veces y media.
Lo que el dato más relevante del análisis señala es la erosión del poder adquisitivo acumulada bajo la gestión de Milei. Según el Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA y el Conicet, el poder de compra del salario mínimo se redujo un 40,5% en términos reales entre noviembre de 2023 y julio de 2026. Es decir, con los mismos pesos el trabajador puede comprar hoy un 40% menos que cuando Milei asumió la presidencia. Los salarios nominales suben. El poder adquisitivo no ha recuperado lo perdido.
El contexto macroeconómico complica la lectura. La estrategia de Milei ha conseguido reducir la inflación mensual de manera significativa, pasando de picos superiores al 25% mensual en los peores momentos de la crisis a niveles mucho más contenidos en 2026. El superávit fiscal, que Milei presenta como su principal logro, es real. Y el PIB está creciendo cerca del 5% este año, el mejor registro en más de una década. Los inversores internacionales han vuelto al país y el riesgo país ha caído de forma sostenida.
Pero el coste de esa estabilización lo están pagando principalmente los trabajadores con menores ingresos. Un salario mínimo que no llega al umbral de pobreza no es un ajuste de austeridad. Es una transferencia de renta desde el trabajo hacia otros sectores de la economía. Y la velocidad a la que el PIB crece no garantiza que esa transferencia vaya a revertirse en el corto plazo.
La pregunta que el dato de septiembre deja sobre la mesa es la misma que acompaña a Argentina desde hace décadas: ¿puede estabilizarse una economía sin que esa estabilización llegue, en algún momento, a los bolsillos de quienes cobran el mínimo?

