En plena polémica por la dimisión de uno de sus investigadores por falta de seguridad en el desarrollo de la IA, Anthropic publicó un informe de su laboratorio económico que dibuja varios escenarios a futuro para la inteligencia artificial. Ninguno de ellos es tranquilizador para los trabajadores. El más extremo es directamente perturbador.
El informe plantea tres escenarios de adopción de la IA hasta 2030. El primero, el más moderado, compara el impacto de la IA con el de Internet: mejora económica gradual, modesta y sin grandes disrupciones en el mercado laboral. El segundo, bautizado como sustancial y considerado el más probable por la mayoría de encuestados, es aquel en el que la tecnología es capaz de hacer la mitad del trabajo de oficina en 2030, mucho de forma automática, pero sin adopción generalizada todavía. La economía crecería el doble de lo normal, pero los salarios de los trabajadores afectados no subirían. El desempleo en Estados Unidos subiría por encima del 5%.
El tercer escenario, el más impactante, es el que activa la capacidad de automejora de la IA con una adopción rápida y masiva. En ese caso, el PIB crece un 15% anual, lo que permitiría que la economía doblara su tamaño cada cuatro años y medio. La conclusión que el propio informe de Anthropic extrae de ese escenario no deja margen a la ambigüedad: como sociedad, somos mucho más ricos que nunca, pero muchas menos personas tienen trabajos en el mundo del conocimiento y el desempleo crece más allá de los niveles típicos de una época de recesión. Uno de cada cinco trabajadores de cuello blanco, hasta un 17% de los trabajadores en posiciones de oficina, podría quedarse en paro.
El informe no esconde la distribución de esa nueva riqueza. En todos los escenarios, los sueldos de todas las profesiones crecerán menos que la economía. En todos los escenarios, aumentará el peso del capital frente a los ingresos laborales. Y en el escenario más extremo, el capital llegaría a suponer casi el 55% del PIB de Estados Unidos, frente al 40,6% del escenario más modesto. La IA enriquece a la economía en su conjunto. Pero los beneficios van principalmente al capital, no al trabajo.
El timing de la publicación añade una dimensión adicional que el informe no puede ignorar. Jacob Coxon, investigador de Anthropic, dimitió días antes argumentando que la compañía no está tomando las medidas de seguridad necesarias en el desarrollo de sus sistemas. Vamos camino de que se cumplan muchos de los escenarios más agresivos, en los que a finales del próximo año las cosas podrían estar ya fuera de control, escribió en X. La empresa que publica un informe sobre el posible desempleo masivo generado por la IA es la misma cuyo investigador acaba de dimitir porque cree que esa misma IA está siendo desarrollada sin los controles adecuados.
La honestidad del informe es notable. No es habitual que una empresa de inteligencia artificial publique un documento propio que describe escenarios en los que su tecnología podría generar desempleo a niveles de recesión económica mientras el capital se lleva el 55% del PIB. Que Anthropic lo haga públicamente es una señal de que hay dentro de la compañía una corriente que considera que la transparencia sobre los riesgos es preferible al optimismo acrítico que domina la narrativa del sector.
Pero la honestidad del diagnóstico no equivale a una solución. El informe describe escenarios. No propone políticas. No habla de redistribución, de renta básica universal, de fiscalidad sobre el capital generado por IA o de mecanismos de transición para los trabajadores desplazados. Describe el problema con precisión y deja que otros decidan qué hacer con él.
El debate sobre el impacto de la IA en el empleo no es nuevo. Cada revolución tecnológica ha generado temores similares y, históricamente, ha creado más empleos de los que destruía. Pero hay economistas que señalan que la IA es cualitativamente distinta a las tecnologías anteriores porque no automatiza solo las tareas repetitivas y físicas, como hizo la industrialización, sino las tareas cognitivas y creativas que hasta ahora eran el refugio de los trabajadores desplazados por la automatización anterior. Si la IA puede hacer el trabajo de un abogado, un analista financiero, un periodista o un programador junior, el argumento histórico de que la tecnología siempre crea nuevos empleos para sustituir los que destruye necesita una revisión más cuidadosa.
Lo que el informe de Anthropic confirma es que la empresa que está en el centro del desarrollo de esa tecnología lo sabe. Y ha decidido decirlo en voz alta.

