Pedro Sánchez comparece este lunes 5 de octubre en Moncloa para anunciar la convocatoria de elecciones generales para el 29 de noviembre. Los decretos Maricarmen cayeron el viernes. El fin de semana fue de contactos y silencios. Y esta mañana, con el BOE listo para publicar el decreto de disolución mañana martes, Sánchez ha tomado la decisión que el mercado anticipaba y que el PP llevaba días pidiendo a voces.
Las encuestas son claras: el PP lidera con el 32,4% de intención de voto frente al 26,2% del PSOE. PP y Vox juntos rondan el 51% y superarían los 200 escaños. Polymarket da a Feijóo un 81% de probabilidad de convertirse en el próximo presidente. El PSOE perdería entre 15 y 20 escaños respecto a 2023. El nuevo Frente Amplio, la coalición que sustituye a Sumar, se quedaría en torno a 6 escaños frente a los 31 actuales.
Sobre el papel, las encuestas son demoledoras para Sánchez. Pero Sánchez no toma decisiones sobre el papel.
Por qué convocar elecciones ahora puede tener sentido para Sánchez
La primera razón es la alternativa. Si no convoca elecciones, Sánchez enfrenta una legislatura muerta. Sin decretos que pueda aprobar. Sin presupuestos posibles, España lleva cuatro años consecutivos sin presupuestos generales con el gasto público creciendo un 19%. Sin ningún socio parlamentario dispuesto a darle una mayoría para nada relevante. La legislatura ha expirado en la práctica el viernes 2 de octubre. Prolongarla en esas condiciones es una agonía sin ningún beneficio político.
La segunda razón es el relato. Sánchez sale de esta crisis con un relato construido: el Gobierno que quería proteger a los inquilinos vulnerables fue bloqueado por PP, Vox y Junts. El partido del propietario contra el partido del inquilino. El partido de los fondos buitre contra el partido de Maricarmen. Ese relato es discutible en términos técnicos, como hemos documentado en Gravedad Cero esta semana. Pero en términos electorales es potente. Y Sánchez lo sabe.
La tercera razón es el timing. Convocar elecciones ahora, cuando el caso Maricarmen sigue vivo en el imaginario colectivo, cuando la crisis de vivienda es el principal problema para los españoles según el CIS y cuando el PP acaba de votar en contra de los decretos junto a Vox, permite a Sánchez llegar a la campaña con la vivienda como eje central. Y en ese debate, la posición del PP es más incómoda que la del PSOE, aunque las medidas del Gobierno fueran técnicamente deficientes.
La cuarta razón es la aritmética a largo plazo. Posponer las elecciones no mejora las encuestas para el PSOE. Las tendencias son desfavorables y no hay ningún elemento en el horizonte que sugiera una remontada espontánea. Si el PSOE va a perder, es mejor perder ahora, con un relato construido, que perder en 2027 después de dos años de agonía parlamentaria que desgasten aún más al partido.
Lo que la historia dice sobre Sánchez y las encuestas
La tentación de leer las encuestas actuales como el resultado final de las próximas elecciones debe moderarse con un dato histórico: Sánchez lleva ganando elecciones que las encuestas le daban perdidas desde 2019. En julio de 2023, las encuestas daban como ganador indiscutible a Feijóo con mayoría absoluta junto a Vox. Sánchez ganó. En las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2023, el PP barrió. Sánchez convocó elecciones generales de inmediato. Y ganó.
El patrón es consistente. Sánchez tiene una capacidad de movilización del voto de izquierda que las encuestas sistemáticamente infravaloran. Cuando la derecha parece imbatible, el voto útil de la izquierda se concentra en el PSOE y Sánchez saca resultados que las encuestas no anticipaban.
Eso no significa que vaya a repetir ese resultado el 29 de noviembre. Las condiciones son diferentes. La legislatura ha sido más accidentada. El desgaste es mayor. Y el PP lleva cuatro años preparando una campaña que en 2023 no llegó a tiempo. Pero descartarle antes de tiempo es el error que el PP ha cometido repetidamente con Sánchez desde 2018.
La jugada dentro de la jugada
Hay un elemento adicional que los analistas están señalando esta mañana. Sánchez puede presentarse a las elecciones con los decretos de vivienda como bandera, prometiendo aprobarlos con una nueva mayoría parlamentaria que no dependa de Junts. Eso convierte la derrota del viernes en el argumento central de la campaña: votad al PSOE para que los decretos que protegen a los inquilinos puedan aprobarse.
Es una estrategia arriesgada. Requiere que el PSOE mejore su resultado de 2023, algo que las encuestas no anticipan. Requiere construir una mayoría sin Junts, algo que la aritmética parlamentaria hace muy difícil. Y requiere que el relato de la vivienda sea suficientemente potente para movilizar a un electorado que lleva años desmovilizado en los mercados más jóvenes.
Pero es una estrategia. Y Sánchez, a diferencia de lo que muchos analistas piensan cuando le dan por derrotado, nunca da puntada sin hilo.
Las encuestas dan como favorita a la derecha. Las encuestas también daban como favorita a la derecha en julio de 2023.

