En los escaparates de las agencias inmobiliarias de París casi no quedan carteles de "se alquila". Los que se ven dicen "se vende", y sobre todo en el segmento de lujo, que deja mucho más margen. Cuando un alquiler sale al mercado, un centenar de personas puede pedir verlo en dos horas. Lo que ocurre en la capital francesa ayuda a entender cómo se comporta un mercado cuando la oferta de alquiler se encoge, y qué le pasa al inquilino que se queda dentro.
1. Un dato sólido y varios que no lo son
La cifra más relevante procede de Seloger, uno de los grandes portales de anuncios de Francia. Su responsable de datos, Thomas Lefebvre, asegura que la oferta de alquiler está en su nivel más bajo de la historia reciente y que hay entre un 30% y un 40% menos de vivienda disponible que antes de la pandemia. Viene de quien ve los anuncios a diario, aunque no se explica el periodo exacto de comparación ni cómo se ha calculado.
El resto de números exige más prudencia. El alquiler medio en París ronda los 25,7 euros por metro cuadrado, y un estudio de poco más de 50 metros cuesta alrededor de 1.500 euros al mes. Se estima que los parisinos dedican hasta el 45% de su sueldo al alquiler, y la lista de espera de vivienda social supera las 900.000 personas, con esperas de hasta diez años. Ninguna de estas cifras viene con fuente primaria ni con año de referencia. Además, 25,7 euros por metro aplicados a algo más de 50 metros dan menos de 1.500, así que probablemente se refiere a pisos más grandes o amueblados.
2. Cuando hay cien solicitudes, el propietario elige
Con tanta demanda por cada anuncio, el propietario puede permitirse exigir. Según el reportaje, pide justificar ingresos de tres veces la renta y un avalista francés con garantías todavía mayores. En las agencias de alquileres de media estancia, además del mes y medio de gestión y el mes de fianza, hay casos en los que se reclama un año de renta por adelantado.
Mariam Leroy, agente independiente especializada en alquileres de larga estancia para extranjeros, cuenta que hay quien alquila sin ver el piso. Luego llegan los problemas: quintos sin ascensor, humedades. Conviene recordar que Leroy cobra 1.000 euros por encontrar vivienda en un mes, así que su testimonio es valioso pero no neutral. Lo mismo ocurre con su afirmación de que el 90% de los pisos que se alquilan son amueblados por las ventajas fiscales para el propietario: es la cifra de una profesional con interés en el mercado y el texto no la respalda con ninguna otra fuente.
3. Las explicaciones que se apuntan
El reportaje menciona la pandemia y los Juegos Olímpicos como detonantes de la subida de precios, y señala el peso de los pisos turísticos, que se estiman en unos 40.000 alquileres de tipo Airbnb, y de la venta de lujo, más lucrativa para las agencias. Son hipótesis razonables, pero nadie mide cuánto explica cada una. Frases como que los pisos turísticos "han copado casi todo el mercado" no pasan de ahí, porque 40.000 viviendas no significan nada sin saber contra cuántas se comparan.
Tampoco hay evidencia sobre el tope de alquileres que el Ayuntamiento fijó en 2019. El texto dice que contuvo moderadamente la escalada, sin mostrar cómo se ha medido, y ese tope vence en noviembre.
4. Lo que propone la política
La ciudad persigue un 25% de vivienda pública, y el alcalde Emmanuel Grégoire lo ha elevado al 40% para 2035. Edgar Aubisse, de la Fondation pour le Logement, pide más límites a los alquileres turísticos, un parque social mayor y renovar el tope. Es la posición de una entidad que trabaja el problema desde dentro, y así conviene leerla.
La vivienda ha entrado además en la campaña de las presidenciales. Marine Le Pen, favorita en las encuestas según el texto, ha declarado el derecho a la vivienda "prioridad nacional" y propone derogar la Ley de Solidaridad y Renovación Urbana para dar más libertad a los ayuntamientos y facilitar el acceso de los jóvenes a la vivienda social.
5. Qué le pasa al inquilino que no encaja
Quien no cumple los requisitos acaba fuera de la ciudad. El reportaje habla de jóvenes, y de otros que ya no lo son tanto, que se desplazan a suburbios como Saint-Ouen o Saint-Denis. Algo parecido empieza a verse en España, donde varias gestoras han paralizado la comercialización de pisos mientras el marco legal sigue sin aclararse.
En París, el tope de alquileres vence en noviembre, y la vivienda es ya uno de los asuntos que se discuten en la carrera presidencial.

