Sareb cerró el ejercicio con pérdidas netas de 3.140 millones de euros. Un 11,6% más que en 2024. Y un año antes, 2.198 millones. La curva no baja. Sube.

Lo que hace especialmente llamativo este resultado es el contexto: en 2025 Sareb redujo su cartera inmobiliaria un 14,3%, paralizó la venta de viviendas a particulares y traspasó activos al Estado vía Casa 47. Menos exposición debería significar menos pérdidas. No ha sido así.

La cifra de negocio cayó un 51,1%, hasta 1.172 millones. El coste de ventas bajó solo un 20,1%. Los gastos de gestión subieron un 50,8%. Menos ingresos, más costes. La tijera se abre en la dirección equivocada.

La clave estructural sigue siendo la misma desde el origen: los activos se traspasaron en 2012 a precios muy superiores a los que el mercado pagó después. Esa brecha nunca se cerró. Cada venta cristaliza una minusvalía. Y la deuda sénior todavía supera los 27.000 millones.

Trece años después, las pérdidas acumuladas superan los 20.000 millones. La pregunta ya no es si Sareb pierde dinero. Es cuánto más va a perder antes de que se cierre el capítulo.