Los datos del INE son claros: el salario bruto anual por trabajador creció un 3,1% en 2025 hasta los 28.410 euros. El nivel más alto desde que arranca la serie estadística en 2008.

Buena noticia. Pero con matices que no pueden ignorarse.

Primero: son 28.410 euros brutos. Netos, después de IRPF y Seguridad Social, hablamos de aproximadamente 22.000-23.000 euros anuales. Unos 1.850 euros al mes en mano para el trabajador medio español.

Segundo: el coste laboral total para la empresa es de 38.748 euros por trabajador. La diferencia entre lo que paga la empresa y lo que cobra el trabajador —más de 10.000 euros— se va en cotizaciones a la Seguridad Social. Esa brecha no ha parado de crecer.

Tercero, y más relevante para el mercado inmobiliario: mientras el salario bruto ha subido un 3,1%, el precio de la vivienda en España creció más del 9% en 2025. La brecha entre salarios y precio de la vivienda no se cierra. Se ensancha.

La dispersión territorial también es extrema. Madrid registra el coste laboral más elevado con 45.983 euros, casi el triple que Extremadura con 31.657. Un mercado laboral con esas diferencias genera dinámicas inmobiliarias completamente distintas por territorio.

Los salarios suben. Es una buena noticia real. Pero suben menos que la vivienda, menos que las cotizaciones y, en muchos casos, menos que la inflación acumulada de los últimos tres años.

Máximo histórico en papel. Poder adquisitivo real: otra conversación.