En toda fiebre del oro hay alguien que gana vendiendo las palas, y en esta es Nvidia. Por eso, cuando su consejero delegado sube a un escenario para decir que uno de sus mejores clientes no necesita un rescate, el mercado entiende algo antes que las palabras: que alguien ha empezado a preguntárselo. Jensen Huang habló esta semana desde un evento en Suecia y aseguró que Nvidia no va a rescatar a CoreWeave porque no lo necesita, que sus costes de capital bajan con el tiempo y que su negocio es cada día más fuerte. La compañía llevaba varios días de caída libre: el miércoles perdió un 15%, acumuló más de una cuarta parte de su valor en pocas sesiones y, tras sus palabras, rebotó cerca de un 6% el jueves. Un respiro, no una resolución.

CoreWeave es uno de esos nombres que el gran público no conoce y el mercado de la inteligencia artificial no puede ignorar. Alquila capacidad de cálculo, la nube que necesitan los modelos para entrenarse y funcionar, y para construirla ha pedido prestado a una escala que asusta. Se le atribuye una carga de deuda de unos 50.000 millones de dólares y la necesidad de emitir decenas de miles de millones al año, y solo en 2026 ha captado más de 35.000 millones con préstamos respaldados por chips, bonos de alto riesgo, convertibles y venta de acciones. A diferencia de Google o Microsoft, no tiene detrás una caja inmensa que lo respalde. Y cuando el dinero se encarece, esa diferencia se nota: el coste de asegurarse contra su impago superó los mil puntos básicos a mitad de semana, y algún analista resume el problema con una cuenta sencilla, que financiarse al 9% para alquilar capacidad que rinde cerca del 5% destruye valor.

Ese encarecimiento del dinero es el primero de los golpes. Los rendimientos del Tesoro estadounidense han subido, se descuentan nuevas alzas de tipos de la Reserva Federal el próximo año, y según una de las lecturas que circulan, la guerra de Irán ha reavivado la inflación y los bancos centrales endurecen el tono mientras la deuda pública vuelve a ofrecer alternativas más seguras. Para un sector que ha crecido a base de deuda, que el dinero cueste más equivale a que el suelo se mueva bajo los pies.

El segundo golpe viene de Oriente. Cada avance de las fabricantes chinas de memoria, CXMT y YMTC, reaviva el miedo a una inundación de chips y a una guerra de precios que se lleve por delante los márgenes y los contratos a largo plazo de Micron, Sandisk o SK Hynix. Morgan Stanley sostiene que esa producción china se quedará en su mercado interno, pero el miedo no suele esperar a las demostraciones. Y lo curioso es que los números de las empresas no acompañan al pánico: Micron, TSMC, ASML y Samsung han batido previsiones, ninguna ha recortado sus perspectivas y aun así sus acciones han caído. El mercado, viene a decir un análisis, no castiga lo que ganan hoy, sino lo que teme que ganen dentro de tres años.

El tercer golpe son las puertas de salida que se cierran. OpenAI ha retrasado su debut en bolsa a 2027 por dudas sobre sus ingresos, y Firmus, la compañía australiana respaldada por Nvidia, que iba a salir este mes, ha optado en cambio por una ronda privada. Cuando las empresas que deberían inaugurar la siguiente fase del ciclo aplazan su estreno, los inversores empiezan a preguntarse quién va a comprar lo que hoy se financia con la promesa de que sí lo hará.

Detrás de todo ello hay un dato que explica la tensión sin necesidad de pánico: el dinero que sostiene el negocio no deja de crecer. JP Morgan calcula una inversión de capital de 1,4 billones de dólares en 2027, frente a los 967.000 millones previstos para este año. Alguien tiene que ponerlos, y la pregunta es a qué precio y con qué paciencia.

Conviene mirar también desde dónde habla quien tranquiliza. Nvidia posee alrededor del 10% de CoreWeave, y además es su proveedor, de modo que a Huang le conviene que no se rompa el eslabón. Eso no invalida lo que dice, pero sitúa sus palabras: es el mensaje de un accionista, no el de un árbitro. Del lado de los analistas, Bank of America reiteró un precio objetivo de 140 dólares y elevó su previsión de crecimiento de ingresos para 2027, mientras que Bernstein recuerda que la empresa necesita prestamistas dispuestos a financiar el hardware en condiciones que compensen a los accionistas, y que el coste del siguiente dólar de crecimiento es lo que preocupa desde hace tiempo. Gartner, por su parte, estima que el 80% de estas nubes especializadas será adquirido por rivales o grandes plataformas de aquí a 2030.

En España el ruido llegó atenuado. El Ibex 35 cerró el jueves 15 en 19.177,70 puntos, con una bajada del 0,28%, arrastrado por la banca y valores como Ferrovial y Merlin, y su escasa exposición directa a la inteligencia artificial lo protegió de la volatilidad del Nasdaq, aunque también le hizo perderse la revalorización del sector.