Intrum explora la venta de Solvia, su filial inmobiliaria en España, y ha encargado a la consultora Bain & Company una revisión estratégica de su negocio en el país. Es lo que ha trascendido, y es poco más de lo que hay: no se conoce el precio, ni los posibles compradores, ni el calendario de la operación. Según el boletín del sector que lo recoge, UBS habría recibido el mandato de venta, aunque su continuidad como asesor no está confirmada. El servicer gestiona en España unos 115.000 activos.
Para entender la noticia hay que volver a 2019. Fue entonces, en abril, cuando Banco Sabadell vendió a Intrum el 80% de Solvia por 241,4 millones de euros, con un posible pago adicional de hasta 40 millones si se cumplían ciertas condiciones ligadas a la evolución de algunas líneas de negocio. Lo que cambió de manos no fueron los inmuebles ni la actividad promotora, sino la plataforma y el equipo de ventas de vivienda: una compañía que entonces gestionaba más de 30.000 millones de euros en activos y empleaba a unas 700 personas. La operación empezó a negociarse un año antes, empujada por el interés de compradores y por la necesidad del banco de reforzar su capital. Intrum aseguraba entonces que Solvia sería una contribución muy positiva a largo plazo para su negocio en España.
Siete años después, quien compró es quien explora vender, y el motivo no está en las fuentes que he podido consultar. Sí hay un contexto que ayuda a leerlo. Intrum completó el 24 de julio de 2025 una recapitalización tras acogerse al Capítulo 11 en Estados Unidos y a un proceso paralelo en Suecia, con el respaldo de todas las clases de acreedores. La operación incluyó nueva financiación, el aplazamiento de los vencimientos de la deuda y un descuento del 10% sobre parte de las obligaciones, y la compañía dijo que su estructura de capital quedaba alineada con su plan de negocio. Ese plan se apoya en tres ideas: excelencia operativa, enfoque en el cliente y una transición hacia un modelo “capital-light”, es decir, con menos balance y más servicios, reforzando la cobranza, ganando eficiencia y apoyándose en la inteligencia artificial.
Una revisión estratégica del negocio español y la exploración de venta de la filial inmobiliaria encajan en esa lógica de simplificación, pero conviene presentarlo como lo que es: una lectura, no una explicación confirmada. Ni la compañía ni el boletín señalan qué busca exactamente con la operación, ni si Bain valora una venta total, parcial o una alternativa distinta.
Lo que sí resulta llamativo es el contraste con la imagen que Intrum proyectaba hace poco. En diciembre de 2025 renovó hasta 2029 el acuerdo con Ibercaja para gestionar y comercializar una cartera inmobiliaria valorada en 200 millones de euros, una relación de casi diez años. Enrique Tellado, consejero delegado de Intrum España y presidente de Solvia, afirmó entonces que la compañía aspira a ser “el socio de referencia en la gestión de activos inmobiliarios y financieros en España”. Apenas diez meses después, ese mismo negocio es objeto de una revisión y de una posible venta.
En un servicer, lo que se compra o se vende rara vez son los inmuebles, que pertenecen a los bancos y fondos clientes. El valor está en los contratos de gestión, en las relaciones con esas entidades, en el equipo y en la capacidad de comercializar cartera, y cualquier operación depende de que esos mandatos se mantengan. Ese es el matiz que distingue a Solvia de una promotora o de una gestora de patrimonio, y lo que un comprador tendría que valorar si el proceso sigue adelante.
Queda mucho por saber. “Explora” no significa que la venta esté decidida, y la revisión de Bain podría terminar en otra cosa. Las cifras que se manejan sobre el tamaño de Solvia, como los 30.000 millones y las 700 personas, corresponden a 2019 y no a hoy; la única referencia actual es la de los 115.000 activos en España. Tampoco hay detalle público sobre la participación que conserva cada accionista tras la compra original.

