Mientras el debate público sobre vivienda gira en torno al acceso, los precios y la falta de oferta, el segmento más alto del mercado madrileño va por otro carril. Casa Lamar, un proyecto residencial de ultralujo en la calle Cedaceros, ha vendido más de la mitad de sus 22 residencias en los primeros seis meses de comercialización, a pesar de que el edificio está en fase inicial de construcción y su entrega no se producirá hasta dentro de dos años. Las unidades que siguen disponibles parten de 2,8 millones de euros.
La promotora es Lamar Development, una compañía de inversión y desarrollo inmobiliario con un volumen de proyectos que supera los mil millones de euros en valor bruto de desarrollo. Nació hace cinco años en Marbella, donde ha levantado quince proyectos residenciales y se ha hecho un nombre en el segmento de lujo de la Costa del Sol. Ahora ha puesto el foco en Madrid, que identifica como uno de sus mercados prioritarios, con la intención de replicar allí esa trayectoria. Casa Lamar es su primer «branded residence» en la capital, un formato que combina diseño, servicios y bienestar para ofrecer, según la compañía, una experiencia residencial integral y personalizada. Las ventas están a cargo de Driven Properties.
El producto tiene los ingredientes habituales del ultralujo. El edificio reúne solo 22 viviendas, de uno a cinco dormitorios, y dedica cerca de mil metros cuadrados a espacios comunes: piscina interior, sauna, baño turco, circuito de hidroterapia, gimnasio, club privado, lounge bar, vinoteca y espacios para catas y «showcooking», además de peluquería, masajes y zonas de relajación. A ello se suma un servicio de consejería para gestionar y administrar las viviendas con atención personalizada y servicios a la carta. La arquitectura corre a cargo de Touza Arquitectos y el interiorismo lo firma Patricia Urquiola, Premio Nacional de Diseño 2025, un nombre que funciona también como argumento comercial. La promotora ofrece además un showroom con vistas al edificio, visitable con cita previa, para conocer calidades y materiales.
La ubicación es el otro gran reclamo. Cedaceros queda entre el barrio de Justicia y el Paseo del Prado, a pocos pasos del Congreso de los Diputados, del Círculo de Bellas Artes, de la Galería Canalejas y del edificio Metrópolis, con Salamanca y los Jerónimos a un paseo. La compañía subraya que esa zona ha reforzado su atractivo con una oferta hotelera de cinco estrellas que incluye Four Seasons, Nobu, JW Marriott, The Westin Palace, Hotel Urban, The Principal y Gran Hotel Inglés, y con nuevas aperturas anunciadas, como Bvlgari, The Hoxton y Radisson Collection. Es un argumento de ecosistema: el comprador no solo adquiere una vivienda, sino un entorno de gastronomía, cultura y comercio de lujo.
Según la promotora, el aluvión de ventas refleja el creciente interés de compradores e inversores internacionales de alto poder adquisitivo, los llamados UHNWI, por el centro de Madrid, atraídos por la privacidad, los servicios y el diseño de este tipo de proyectos. Conviene recordar que son afirmaciones de la propia compañía: no se ha publicado el desglose de las ventas, ni la nacionalidad de los compradores, ni el precio por metro cuadrado, ni el calendario exacto de entrega.
Lamar no se limita a este edificio. En la Comunidad de Madrid ha ampliado su presencia con El Botánico de Boadilla, un proyecto de villas desarrollado junto al estudio mexicano Sordo Madaleno, y con la adquisición de Alcalá 38-40, y anuncia que Casa Lamar será el primero de una serie de branded residences urbanas.
El contraste con el resto del mercado resulta difícil de ignorar. Según el último informe de idealista sobre alquiler, la oferta de viviendas en alquiler de larga duración ha caído un 44 % desde 2018, y en Madrid capital hay más de 117.000 anuncios menos que entonces. El precio de la vivienda usada ha subido en torno a un 74 % en el mismo periodo, según las cifras que circulan sin fuente identificada. Casa Lamar no compite con ese mercado ni se ve afectada por él: se dirige a un comprador para el que la restricción no es la hipoteca ni la disponibilidad, sino la escasez de producto singular en una ubicación concreta. Es, en cierto modo, la prueba de que la crisis de acceso y el auge del lujo no se anulan, sino que conviven en el mismo centro urbano.

