Cuando se habla de deuda, el reflejo habitual es pensar en los países con problemas. El mapa del endeudamiento por habitante cuenta otra historia. Al repartir entre cada residente, recién nacidos incluidos, toda la deuda del Gobierno, de los hogares y de las empresas no financieras, el primer puesto del mundo, con 342.000 dólares por persona en el primer trimestre de 2026, es para Suiza. Detrás va Noruega, con 274.000, y a mucha distancia se sitúan Países Bajos y Estados Unidos, empatados en 224.000. Dinamarca, con 195.000, cierra el grupo de cabeza.

Antes de seguir, conviene aclarar qué mide este número. No es lo que debe cada ciudadano. Es el volumen agregado de deuda de toda la economía dividido entre su población, así que incluye lo que debe el Estado, lo que han pedido las familias para comprar una casa y lo que han tomado prestado las compañías para invertir. Una cifra alta, por tanto, no es sinónimo de fragilidad. Un país rico puede sostener mucha deuda porque sus ingresos, su patrimonio y su capacidad de pago también son muy altos.

Eso explica por qué la parte alta de la tabla está llena de economías prósperas. Suiza lidera sobre todo por la deuda de sus hogares y de sus empresas, con un peso público relativamente pequeño. En Noruega pasa algo parecido, con un endeudamiento privado muy elevado. Estados Unidos es distinto: allí el Gobierno aporta la mayor tajada, cerca de cien mil dólares por habitante, y el resto se reparte entre familias y compañías. Canadá, con 183.000, Suecia, con 178.000, Bélgica, con 173.000, Francia, con 168.000, y Australia, con 166.000, completan un pelotón de países desarrollados que superan los 160.000 dólares por persona.

El Reino Unido aparece con 125.000 y Alemania con 122.000, bastante por debajo de otras grandes economías europeas. Y es en la zona media donde está España. Con 90.000 dólares por habitante ocupa el puesto 19 de los 39 países analizados, por detrás de Italia, que ronda los 103.000, y por delante de Corea del Sur, con 84.000, Portugal, con 75.000, y Grecia, con 70.000. La distancia con los líderes es considerable: un suizo carga con casi cuatro veces más deuda que un español, y un estadounidense, con más de dos veces y media.

Japón es el caso más llamativo de toda la tabla. Está en el puesto 16, con 120.000 dólares por persona, y sin embargo es el país con mayor deuda en relación con su PIB de los 39 analizados. Es decir, su deuda es enorme frente al tamaño de su economía y, aun así, por habitante queda por debajo de Países Bajos, Canadá o Australia. Lo mismo, en otra escala, ocurre con China: con 44.000 dólares por persona ocupa el puesto 25, pero es cuarto por deuda sobre PIB. Las dos listas miden cosas distintas y sirven para preguntas distintas. Una dice cuánto pesa la deuda sobre cada habitante; la otra, cuánto pesa sobre lo que produce el país.

Hacia el final de la tabla, la brecha se ensancha. Polonia, Chile y Malasia rondan los 31.000 y 33.000 dólares, Rusia llega a 23.000 y Brasil a 21.000. Argentina queda en 15.000, México en 13.000, Turquía y Colombia en 12.000 y Sudáfrica en 10.000. India, con 4.700 dólares, e Indonesia, con 4.000, cierran el ranking. En estos casos la deuda baja no refleja una posición más cómoda, sino economías con menos acceso al crédito, menores ingresos y mercados financieros menos profundos.

Esa es quizá la lectura más incómoda del ranking. El endeudamiento va de la mano del desarrollo: cuanto más sofisticado es un sistema financiero, más crédito circula, más hipotecas se conceden y más capital se toma prestado para invertir. Tener poca deuda per cápita puede significar prudencia, pero también falta de acceso al financiamiento. Y tener mucha puede ser señal de solidez, o de excesos acumulados, según lo que haya detrás.

Por eso el dato por habitante funciona mejor como punto de partida que como veredicto. Para saber si una economía está realmente en riesgo hay que mirar cuánto pesa la deuda frente a su producción, quién la tiene, a qué coste se financia y cuánta riqueza hay al otro lado del balance. Suiza y Noruega encabezan la clasificación sin que nadie las considere economías en apuros, mientras que Japón, con una cifra mucho más moderada por persona, lleva años siendo el ejemplo de manual de un país con una deuda pública descomunal.