Según datos de Fotocasa, tener piscina puede suponer hasta un 30% más de precio respecto a una vivienda similar sin ella. En algunos mercados eso equivale a más de 40.000 euros adicionales sobre una vivienda tipo de 100 m².

Pero la geografía del dato lo cambia todo.

Palencia lidera el ranking porcentual con ese 30%. Huelva le sigue con un 19%, Santa Cruz de Tenerife con un 17%, Murcia con un 16%. En Madrid, la prima es del 6,6%. En Barcelona, del 4,3%. En Valencia, del 2%.

La paradoja es clara: donde la piscina revaloriza más en porcentaje es donde menos vale la vivienda. Donde más vale en euros absolutos —Madrid, Barcelona, Málaga— el mercado ya está tan tensionado que la piscina suma, pero no marca la diferencia decisiva.

¿Por qué sube tanto en mercados secundarios?

Porque la oferta de vivienda con piscina es escasa, la demanda post-pandemia de espacios propios de ocio no ha remitido y el comprador que puede permitirse ese plus en ciudades medias lo valora de forma desproporcionada. No hay alternativas cercanas. No hay parques acuáticos a cinco minutos. La piscina es el único chapuzón disponible.

Lo que este dato también revela es algo más estructural: el comprador español ha reordenado definitivamente sus prioridades residenciales. El espacio exterior propio, el confort térmico y el ocio en casa ya no son extras. Son criterios de compra.

El promotor que no lo ha integrado en su producto lleva años perdiendo ventas sin saberlo.