Convertirse en propietario se ha vuelto una aspiración difícil para la mayoría de los españoles, y ni siquiera la posibilidad de recibir una casa en herencia parece una salida. El 65 % de la población considera poco o nada probable que vaya a heredar una vivienda, frente a un 35 % que sí contempla esa posibilidad. En un mercado de compraventa y alquiler con los precios en máximos, la diferencia entre quienes heredan y quienes no empieza a pesar más que el ahorro de cada uno.

Incluso entre ese 35 % que espera recibir un inmueble, la herencia no siempre se traduce en una solución inmediata. El 41 % reconoce que es una posibilidad lejana y que no piensa en ella al tomar decisiones sobre su vida. Otro 34 % la contempla como una forma de seguridad o de patrimonio para el futuro, pero sin un proyecto definido. Solo el 20 % cuenta con la vivienda heredada para desarrollar un plan concreto en los próximos años, ya sea instalarse en ella, venderla o destinarla al alquiler. En conjunto, el 54 % de quienes esperan heredar cuenta con ese inmueble para garantizar su estabilidad futura.

La brecha se aprecia sobre todo según la situación residencial. Entre los inquilinos, el 63 % considera poco o nada probable recibir una vivienda en herencia, frente a un 37 % que sí ve opciones. Es el único colectivo analizado en el que la expectativa negativa supera con claridad el 60 %. En el extremo contrario están los vendedores, entre quienes la probabilidad de heredar alcanza el 50 %, seguidos de los arrendadores, con un 48 %, y los compradores, con un 44 %. Es decir, quienes ya tienen o están comprando una vivienda son también quienes más esperan heredar, mientras quienes alquilan son quienes menos. La herencia tiende a reforzar las diferencias de partida en lugar de corregirlas.

Por comunidades, la expectativa de heredar varía algo menos. En Andalucía, el 37 % considera muy o bastante probable recibir una vivienda en herencia. En Madrid y en Cataluña, el 35 %, igual que la media nacional. En la Comunitat Valenciana, la tasa baja al 33 %. Las diferencias son pequeñas, pero muestran que la desigualdad patrimonial no es una cuestión de territorio, sino de familia.

Para muchos jóvenes y familias, recibir un inmueble puede suponer un punto de inflexión en su estabilidad económica, ya sea porque les permite acceder a una vivienda sin afrontar una compra, obtener ingresos por el alquiler o disponer de un patrimonio que les dé seguridad. Pero la otra cara es una brecha patrimonial y generacional cada vez mayor: una parte de la población puede contar con una vivienda heredada para construir su proyecto de vida, mientras otra debe afrontar unos precios históricamente elevados sin ese respaldo. El riesgo, apuntan algunos analistas, es que el acceso a la propiedad dependa cada vez menos de la capacidad de ahorro y del esfuerzo individual y más del patrimonio de las generaciones anteriores. De hecho, las herencias en forma de capital para ayudar a reunir la entrada están en máximos históricos.

Heredar, además, abre otro frente: los conflictos familiares. El 29 % de quienes consideran probable recibir una vivienda cree que podrían surgir tensiones en torno a su gestión, frente al 67 % que no anticipa problemas. Entre quienes sí las prevén, el principal foco de fricción es el destino que debe darse al inmueble, vender o alquilar, mencionado por el 24 %. Le siguen las rivalidades y desconfianzas entre familiares, con un 23 %, y los desacuerdos sobre el reparto o la impugnación del testamento y las diferencias en la valoración económica de la propiedad, ambos con un 18 %. También pueden generar disputas el reparto de los gastos, señalado por el 17 %, y la complejidad y lentitud de los trámites administrativos, mencionada por otro 17 %.