La memoria RAM de tu ordenador se usa, según Sam Altman, apenas el 5 % del tiempo. Con esa cifra, el consejero delegado de OpenAI ha defendido que es «bastante terrible» que millones de personas guarden en sus equipos una parte del suministro mundial de DRAM, un recurso limitado, cuando podría estar trabajando en centros de datos casi sin descanso. Lo dijo en un pódcast a finales de octubre y desde entonces la frase ha desatado una tormenta en un momento especialmente sensible: el de una crisis global de memoria que ya está encareciendo ordenadores, consolas y componentes.

Qué dijo exactamente

La conversación giraba en torno a la inteligencia artificial local, es decir, ejecutar modelos en el propio ordenador en lugar de en la nube. Altman reconoció que mucha gente quiere hacerlo, pero cuestionó que eso resuelva la necesidad de infraestructura centralizada. Su argumento fue de eficiencia: en un entorno con oferta limitada, lo lógico es maximizar el uso en la nube, porque un servidor compartido mantiene los chips ocupados mucho más tiempo que un PC doméstico. Llegó a decir que «la mano invisible está fallando» ahora mismo. También matizó que no propone restringir la venta de RAM para equipos convencionales, sino priorizar el suministro limitado para el cómputo más intensivo.

La reacción

La respuesta fue inmediata y, en muchos casos, hostil. Jugadores, aficionados al hardware y usuarios de foros leyeron las palabras como un empujón corporativo para desincentivar que la gente tenga sus propios equipos y así asegurar la memoria que las empresas de IA necesitan. Elon Musk replicó el 1 de noviembre con un «¡la gente merece tener también su RAM!». Altman respondió con humor a una imagen de módulos de RAM usados como cebo y aceptó cambiar su nombre en X a «Ram Altman». Después, el 4 de noviembre, sostuvo que sus palabras se habían sacado de contexto: dijo que quiere que la gente pueda instalar toda la memoria que desee y que lleva tiempo defendiendo un aumento muy grande de la producción de memoria para que haya abundancia.

Por qué escuece tanto

La polémica toca una realidad que los consumidores notan en el bolsillo. La demanda de servidores y centros de datos de IA ha tensionado el mercado de memoria. Los precios de la DRAM convencional subieron entre un 93 % y un 98 % en el primer trimestre de 2026, y hubo un nuevo encarecimiento en el tercero, aunque se espera que el ritmo se modere. Un kit de 32 GB de DDR5 cuesta ahora alrededor de 500 dólares, frente a unos 400 a principios de abril. Hay marcas de PC que recortan almacenamiento en modelos de gama media para contener costes, y fabricantes como Valve o Nintendo se enfrentan a componentes más caros y más difíciles de conseguir. Varios analistas prevén que la escasez dure, al menos, hasta 2027.

OpenAI, además, no es un espectador. En octubre del año pasado firmó cartas de intenciones con Samsung y SK Hynix para suministrar memoria a su despliegue de centros de datos, con una demanda proyectada de hasta 900.000 obleas de DRAM al mes. Algunos cálculos, basados en estimaciones de producción mundial, sitúan esa cifra en hasta el 40 % de la producción global, aunque esa es una estimación de terceros, no una cifra que Altman haya dado. La coincidencia entre su argumento y el interés comercial de su compañía, cuyo negocio descansa en sistemas cerrados que operan en centros de datos propios, es lo que más alimenta las críticas.

Dos lecturas

Quienes defienden el argumento de Altman señalan que tiene una lógica económica real: una memoria que se usa el 5 % del tiempo y otra que se usa el 80 % no producen lo mismo, y en una situación de escasez asignar el recurso al uso más intensivo es una forma de eficiencia, igual que se comparte una grúa en una obra. Subrayan además que el propio Altman matizó que no pide limitar las ventas a particulares y que el problema de fondo es la falta de capacidad de fabricación. Los críticos responden que la comparación no se sostiene: un ordenador personal no sirve solo para eso, sino para trabajar, estudiar, jugar o mantener la privacidad de los datos, y que quien quiere ejecutar IA en local suele hacerlo precisamente para no depender de suscripciones ni de la nube. Y recuerdan que hablar de ineficiencia desde una empresa que es uno de los mayores compradores de memoria suena, como mínimo, interesado.

Lo que queda por ver

Aun así, nadie discute el diagnóstico de fondo: la capacidad de fabricar RAM no puede crecer de un día para otro, y los fabricantes, escarmentados por las caídas del ciclo anterior, dudan en invertir sin garantías. Altman llegó a decir que los productores «invertirían 20.000 millones de dólares en capacidad para ganar 19.000 millones», un reflejo de esa cautela. Hasta que la oferta se amplíe, el reparto de la memoria seguirá siendo una disputa entre quienes la necesitan para entrenar modelos y quienes la quieren para sus propios equipos, y esa disputa se refleja ya en el precio: un kit de 32 GB de DDR5, que costaba unos 400 dólares en abril, ronda hoy los 500.