Brad Bird, el director de Los Increíbles, Ratatouille y El Gigante de Hierro, lleva años desarrollando en secreto su proyecto más personal. Se llama Ray Gunn, llega a Netflix el 18 de diciembre de 2026 y la mejor forma de describirla es esta: imagina Blade Runner hecha por Pixar, con humor noir y Scarlett Johansson como femme fatale animada.
La película está ambientada en Metropia, una ciudad futurista donde Ray Gunn, el último detective privado humano del mundo, voiceado por Sam Rockwell, acepta el caso de Venus Nova, una estrella del pop interpretada por Johansson que se enfrenta a un escándalo que podría destruir su carrera y acabar con su vida.
El mundo de Ray Gunn está habitado por alienígenas, androides y personajes sacados del imaginario del noir clásico: el detective cínico con tendencia al alcohol, la mujer fatal de mirada soñolienta y peinado de los años 40, los callejones húmedos bajo hologramas gigantes. La referencia visual a Blade Runner es inmediata. Pero la mano de Bird lo convierte en algo completamente diferente: más luminoso, más irónico, más accesible sin perder la profundidad.
Bird cita entre sus influencias El Halcón Maltés, Chinatown y El Gran Lebowski, además de Blade Runner. La versatilidad del noir como género es precisamente lo que le ha permitido construir una historia que mezcla ciencia ficción, comedia y thriller sin que ninguno de los tres elementos aplaste a los demás.
El reparto vocal es extraordinario: Scarlett Johansson, Sam Rockwell, Tom Waits y Patton Oswalt. Y detrás está Brad Bird, uno de los directores de animación más respetados de la historia, que lleva más de una década sin estrenar película y que ha elegido Netflix para su regreso con algo que no se parece a nada que haya hecho antes.
Ray Gunn puede ser la sorpresa del año en streaming. Y si Bird consigue lo que promete, puede redefinir lo que esperamos de la animación adulta.

