La Comunidad de Madrid tiene un problema de espacio. O más bien, un problema de precio. Y los datos migratorios de 2024 lo cuentan mejor que cualquier estudio de mercado.

El saldo migratorio total de la CAM en 2024 fue de +100.971 personas. Pero detrás de ese número hay dos historias completamente distintas.

Con el exterior, Madrid gana: 239.292 entradas desde el extranjero, 125.328 salidas. Saldo positivo de +113.964. La capital sigue siendo un imán para la inmigración internacional.

Con el resto de España, Madrid pierde: 100.342 entradas desde otras provincias, 113.335 salidas. Saldo negativo de -12.993. Más gente sale de Madrid hacia otras provincias españolas de la que entra.

¿Y a dónde va esa gente que se marcha? No lejos. Toledo absorbe 5.207 personas netas. Guadalajara, 2.411. Segovia, 308. Ávila, 188. El 62,9% del déficit interior se lo quedan las cinco provincias limítrofes. Y el 87% del saldo va a municipios de menos de 20.000 habitantes: Seseña, Illescas, Yuncos, Cabanillas del Campo.

El perfil de quien se va es revelador: familias. El 65,8% de los movimientos netos corresponde a menores de 14 años y adultos de entre 30 y 44 años. Gente en edad de comprar su primera vivienda, con hijos o a punto de tenerlos, que hace el cálculo y concluye que 180.000 euros en Illescas es mejor opción que 350.000 en Móstoles.

El área metropolitana real de Madrid lleva años superando los límites administrativos de la Comunidad. Cuando alguien te diga que Madrid tiene 7 millones de habitantes, recuérdale que eso es solo lo que cabe dentro de las fronteras de la CAM. La ciudad funcional es bastante más grande. Y cada año que pasa sin resolver el problema de la vivienda, ese radio se expande un poco más.