El Tribunal Superior de Justicia de Madrid acaba de confirmar la condena a Redpiso y a su franquiciada en Rivas-Vaciamadrid como responsables civiles subsidiarias de nueve estafas cometidas por uno de sus comerciales. Las indemnizaciones suman 94.074 euros. Y la historia detrás del caso dice mucho sobre los riesgos del modelo de franquicia inmobiliaria cuando los controles fallan.
El modus operandi era simple y efectivo. El comercial anunciaba pisos y locales muy por debajo de su precio de mercado para asegurarse el cobro de arras. En varios casos, los propietarios ni siquiera sabían que sus inmuebles estaban en venta. Las víctimas entregaron sus ahorros convencidas por algo que resultó determinante: el comercial usaba uniforme de Redpiso, coche de empresa y documentación oficial. La marca generaba la confianza que el fraude necesitaba para funcionar.
La Audiencia Provincial de Madrid ya había condenado al comercial a un año y seis meses de prisión por delito continuado de estafa y falsificación de documento privado, con atenuantes de drogadicción y dilaciones indebidas. Ante su insolvencia para pagar las indemnizaciones, las víctimas reclamaron a Redpiso como responsable subsidiaria. La empresa recurrió. El TSJM acaba de ratificar la condena.
La sentencia manda un mensaje directo al sector: la marca no solo aporta reconocimiento y clientela. También conlleva responsabilidades que no desaparecen cuando algo sale mal bajo su nombre. El modelo de franquicia inmobiliaria, que ha crecido enormemente en España en la última década, asume con ello una nueva dimensión de riesgo jurídico que muchas cadenas todavía no tienen suficientemente controlado.
El caso Redpiso no es el primero ni será el último en el sector. Pero es el que ahora tiene jurisprudencia del TSJM detrás. Y eso cambia la conversación sobre qué responsabilidad asumen realmente las marcas franquiciadoras cuando uno de sus agentes actúa bajo su paraguas.

