El BCE ha lanzado una advertencia clara: el aumento de los precios de la energía hará que la inflación siga aumentando durante el verano y la mantendrá por encima del objetivo hasta el primer semestre de 2027.

La inflación cerró mayo de 2026 en el 3,2%, frente al 3,0% de abril. El motor de ese avance es la energía, cuyos precios subieron un 10,9% en tasa interanual. En julio, la inflación de la zona euro alcanzó el 2,9%, mientras que en España la subida llegó al 3,5%. Una cifra que, lejos de ser un pico puntual, tiene recorrido.

Las proyecciones del Eurosistema prevén que la inflación general alcance su punto máximo del 3,4% en el tercer y cuarto trimestre de 2026, y que solo a partir del segundo trimestre de 2027 comience a ceder de forma apreciable, hasta el 2,3%. Año y medio más de inflación por encima del objetivo. Eso es lo que el BCE pone sobre la mesa.

La causa es conocida. El conflicto entre EEUU, Israel e Irán bloqueó el estrecho de Ormuz y disparó los precios energéticos. Los sectores más expuestos son el turismo y el transporte, donde los costes energéticos tienen un peso especialmente elevado. Los billetes de avión y los paquetes vacacionales de verano de 2026 ya reflejan esa presión, y los datos del BCE apuntan a que la inflación de los servicios repuntó del 3,0% al 3,5% entre abril y mayo.

El BCE prevé que la situación comience a mejorar durante el primer trimestre de 2027, cuando espera una reducción del coste energético. Pero también señala otros factores que pueden dificultar la vuelta a niveles más bajos, entre ellos el impacto de los fenómenos meteorológicos extremos sobre los precios de los alimentos.

Las consecuencias para la política monetaria son directas. Con la inflación sin tocar techo, la puerta a una subida de tipos en septiembre sigue abierta. Y con el euríbor ya rozando el 3%, cada nuevo dato de inflación al alza es un argumento más para que Lagarde apriete el botón.