El mercado de vivienda español acaba de mandar una señal contradictoria con los datos del trimestre anterior. Después de dos trimestres consecutivos de caídas en compraventas, junio de 2026 ha cerrado como el mejor mes de junio desde la burbuja inmobiliaria de 2007. Una anomalía en medio de un mercado que empezaba a mostrar síntomas de agotamiento.
Los datos del INE confirman que en junio se superaron las 60.000 operaciones de compraventa, una cifra que no se alcanzaba en ese mes desde hace casi dos décadas. El rebote rompe la lectura pesimista que habían dejado los datos trimestrales y complica el diagnóstico del sector: ¿está el mercado frenando o simplemente digiriendo el ritmo?
La clave está en el contexto. El primer semestre de 2026 ha combinado dos realidades distintas. Por un lado, tipos de interés al alza y euríbor rozando el 3%, lo que ha encarecido la financiación y frenado a parte de la demanda solvente. Por otro, un comprador que lleva meses anticipando que los precios no van a bajar y que ha acelerado su decisión de compra antes de que la situación empeore. Ese efecto de adelantamiento de decisiones explica en parte el pico de junio.
La vivienda nueva ha sido el motor del rebote, con promotores cerrando entregas pendientes y compradores de obra nueva formalizando operaciones que llevaban meses en proceso. La segunda mano, aunque también al alza en junio, mantiene una dinámica más lenta con plazos de venta que se alargan respecto a 2025.
El dato de junio es positivo, pero conviene no sobreinterpretarlo. Un mes récord no deshace dos trimestres de desaceleración. Lo que sí confirma es que la demanda solvente sigue ahí, que quien puede comprar lo hace y que el mercado español tiene un suelo mucho más sólido de lo que los datos trimestrales sugerían. La pregunta es si julio y agosto mantendrán ese pulso o si junio fue un pico puntual antes de que el verano y los tipos enfríen de nuevo la actividad.

