El precio de la vivienda en alquiler en España rompió en julio con 52 meses consecutivos de subidas interanuales, descendiendo un 1,6% hasta los 14,14 euros por metro cuadrado, según el Índice Inmobiliario Fotocasa. Es la primera caída desde marzo de 2022. Y su lectura no es tan sencilla como parece. Eleconomista

La caída no responde a una bajada generalizada del mercado. El descenso se concentra principalmente en Madrid y Cataluña, los dos mercados con los alquileres más elevados del país, donde el esfuerzo económico exigido a los inquilinos había alcanzado niveles récord. Cataluña registró la mayor caída interanual de toda la serie histórica de Fotocasa, con un descenso del 16,3%, mientras que Madrid redujo sus precios un 10,6%.

Esta bajada no se debe a una mayor oferta de viviendas, sino a que los inquilinos han alcanzado el límite de su capacidad de pago. Es el techo de accesibilidad actuando como freno. No hay más oferta. El mercado simplemente no puede subir más porque la gente no puede pagar más.

Catorce comunidades autónomas mantienen una evolución positiva. Aragón encabeza las subidas con un 13,3%, seguida de Castilla-La Mancha con un 11,7%, Navarra con un 8,6%, Extremadura con un 8,3% y Asturias con un 7,5%. El mercado se parte en dos: las grandes ciudades que tocan techo y las provincias intermedias que siguen absorbiendo demanda desplazada.

Pese al ajuste, Madrid sigue siendo la comunidad más cara con 19,27 euros por metro cuadrado, seguida de Baleares con 19,07 euros, Cataluña con 17,08 euros y País Vasco con 16,98 euros. Bajaron, sí. Pero siguen siendo inaccesibles para la mayoría.

El dato de julio es relevante. Pero antes de celebrarlo conviene entender qué lo explica. El alquiler no baja porque haya más pisos disponibles ni porque la regulación haya funcionado. Baja porque el mercado ha llegado al límite de lo que los inquilinos pueden pagar. Esa es una señal de agotamiento, no de solución.