La falta de capacidad de la red eléctrica se ha convertido en un nuevo cuello de botella para el desarrollo de vivienda en España. Las grandes promotoras alertan de que la escasez de potencia disponible y los retrasos en las infraestructuras de distribución ya están retrasando entre uno y tres años la tramitación de nuevos desarrollos urbanísticos y dificultando incluso la entrega de promociones ya terminadas.
En Madrid, más de 80.000 viviendas previstas dependen de la construcción de nuevas infraestructuras eléctricas. La llegada de nuevas subestaciones y refuerzos de red condiciona el calendario de ejecución. En Málaga, la red existente condiciona el desarrollo de más de 4.000 viviendas en Vélez-Málaga. En Estepona, 72 viviendas terminadas permanecieron sin suministro eléctrico y no pudieron entregarse pese a estar completamente finalizadas.
El 54% de las conexiones al sistema acumulan retrasos respecto a la fecha prevista, con una demora media de 5,7 años. Las eléctricas reconocen retrasos de hasta una década en nuevas conexiones a la red. Una promoción de 200 viviendas en un entorno periférico puede perder hasta 180 puntos básicos de rentabilidad solo por el coste financiero de la demora.
El sector urbanístico solicitó 6,7 gigavatios de acceso a la red en 2024, de los cuales aproximadamente la mitad no pudieron ser atendidos. Y el déficit acumulado de vivienda, según el Banco de España, ya alcanza las 700.000 unidades, creciendo a un ritmo de 100.000 hogares al año.
La paradoja es brutal. España debate sobre precios, regulación y topes al alquiler mientras el problema más inmediato puede ser un cable que no llega. Solares urbanizados, con licencia, listos para edificar, que no pueden construirse porque la red no tiene capacidad. Promociones terminadas que no pueden entregarse porque no hay suministro.
Al déficit de suelo, la escasez de mano de obra, los costes de construcción y la burocracia urbanística, se suma ahora un obstáculo que nadie había puesto en el centro del debate: la saturación de la red eléctrica. Y mientras no se resuelva, cada año que pasa el déficit de vivienda en España crece un poco más.

