La ciudad de Atherton, en California, destronó este año a la exclusiva Fisher Island, en Florida, como la zona residencial más cara de Estados Unidos, impulsada por la bonanza del sector tecnológico y la llegada de grandes fortunas ligadas al desarrollo de la inteligencia artificial.

El coste medio de una casa en Atherton, una ciudad en Silicon Valley con menos de 8.000 habitantes, asciende a 9,9 millones de dólares en lo que va de año. Esa cifra supera los 8,3 millones de media a los que se vendió un hogar en Fisher Island, una diminuta isla al sur de Miami Beach a la que solo se puede acceder por ferry, barco privado o helicóptero.

El auge de Atherton responde principalmente a la llegada de nuevos multimillonarios ligados al sector tecnológico y las recientes salidas a bolsa en Silicon Valley, donde empleados e inversores de compañías como SpaceX están canalizando sus ganancias hacia el mercado residencial de ultralujo. En el primer semestre se registraron cinco ventas de viviendas de al menos 30 millones de dólares, rozando el récord del año anterior.

Las cinco zonas residenciales más codiciadas de Estados Unidos en 2026 las completan Bridgehampton, en Los Hamptons, con 7,2 millones de media; Newport Beach, con 6,2 millones; y Sagaponack, con 6 millones.

El impacto de la IA en el mercado inmobiliario va mucho más allá de Atherton. El precio promedio de venta en San Francisco alcanzó un máximo histórico de 1,76 millones de dólares en mayo de 2026, frente a los 400.000 de media en el conjunto de Estados Unidos. El dinero proveniente de la inteligencia artificial es considerado el motor principal de ese mercado por analistas y agentes inmobiliarios.

Lo que está ocurriendo en Silicon Valley es la versión más extrema de un fenómeno global: la concentración de riqueza generada por la IA se está materializando en activos inmobiliarios. Cuando los empleados de OpenAI o SpaceX venden acciones y compran casas en efectivo, el mercado local no tiene forma de absorber esa demanda sin disparar los precios. La vivienda de ultralujo en Silicon Valley ya no refleja solo el éxito de una empresa. Refleja el inicio de una nueva redistribución de la riqueza global impulsada por la inteligencia artificial.